viernes, 27 de noviembre de 2015

CAPÍTULO 3

Omai

Llegamos a la parada de la universidad, durante el trayecto, se había ido llenando, yo, no había perdido de vista a la chica. Varios han intentado sentarse a su lado, tirándole los tejos desde el primer día, pero, esta, con su carácter, los había rechazado. Se había soltado el pelo y ahora le caía liso hasta la mitad de la espalda. Era atractiva, demasiado atractiva, y eso, junto con su carácter, me gustaba. Me levanté, y salí de la parada. Decidí que ya habría tiempo para conocerla mejor, y yo, me encargaría de ello. Me colgé la mochila de un asa y avancé hasta la facultad de periodismo. Subí las escaleras que me llevaron hasta la recepción y pregunté por la clase de primer curso. Me dijeron que en la primera planta, podía encontrar la clase. Suspire. Primera clase del año, primer día en la universidad. Me gustaba llamar la atención con mi carácter prepotente y arrogante, un carácter, que me lo había ido forjando por el paso del tiempo. 

- Omai -escuché a mis espaldas

Me dí la vuelta y me encontré a Llago viniendo hacia mí. Era un amigo Gallego, gay, y sí, hay que decirlo, buena gente que coincidió conmigo un verano en el campamento de La Manga que organizaban varias comunidades Autonómicas. Aunque Galicia y Madrid quedaban lejos, mantuvimos el contacto por redes sociales.

- ¿Qué tal es de tu vida, gallego? -pregunté dandole un efusivo abrazo.
- Ni te imaginas la de fiestas que he ido desde que nos despedimos en la estación de Madrid.
- Tío, parece que estés hablando de una despedidas románticonas. 

Pero en el fondo, me alegraba de tener un amigo gay, solían ser divertido, y transmitian algo al mundo. Buena energía, como los denominaba yo. 

- ¿Periodismo? -me preguntó Llago -
- Sí, primer curso ¿Y tú?
- Fisioterapia -
- Vaya, al final te has decantado por hacer lo que me dijiste
- Sí. Será una gran oportunidad. Bueno, aquí está mi clase, encantado de verte de nuevo, nos veremos en la cafetería -me dijo, despidiendose de mi
- Claro. Suerte

Subí los últimos escalones, y entré en clase. No era el primero, ni mucho menos, nunca lo había sido. Sentada, en primera fila, estaba la estirada, pero al mismo tiempo, la atractiva chica que había coincidido conmigo en el autobús. Parecía ser una de esas chicas que están centradas en sus estudios. 

Una perfeccionista obsesiva de competición. Sonreí al verla. Ella se fijó en mí, y desvió de nuevo la mirada.

- Parece que coinicidimos en clase -le dije

No me constestó, ni siquiera buscaba una respuesta. Decidí sentarme al final de la clase. Ella mantenía el rostro serio. ¡Dios! Me ponía, me ponía como nunca antes me lo habían sentido. Me iba a esperar un curso bastante movidito, pero a fin de cuentas, ¿Quién no ha tenido un curso movidito alguna vez? 

Sandra

Ese caracter prepotente, y arrogante, que le había denotado en la parada de autobús me hacía sentir algo por dentro. Nunca antes lo había sentido, pero, tenía que olvidar eso, yo había escojido periodismo para estudiar, y no para enamorarme, aunque pudiese sonar borde, eso es lo que yo pensaba. Su mirada estaba en la nuca, la sentía, me sentía observada. Y aunque me incomodaba pedía que no dejara de mirarme. Poco a poco los demás compañeros fueron entrando y llenando la clase de un bullicio habitual en una clase de universidad. A los pocos minutos, entró el profesor de Teoría y Práctica del Periodismo.
- Buenos días. Soy Alejandro Martínez Solana, y seré vuestro profesor de esta asignatura. Yo no me guiaré por el libro, sino, por vuestro ingenio. En esta asignatura se desarrollará la capacidad en equipo, antes que la nota individual.
Durante al menos media hora el profesor explicó el procedimiento de la asignatura, mientras que en mi mente, en vez de centrarse en lo que estaba diciendo, me centraba únicamente, en ese chico arrogante y prepotente que había puesto patas arriba mis esquemas.


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