Omai
Primer día de universidad. Mi padre, me pagó la matricula en la Complutense, y hoy,
comenzaba el sufrimiento. Me daba igual todo, había aprendido a valerme
por mí mismo desde que mi madre falleció. Era un tipo que iba a su royo,
muy a su royo. Era de los que pensaban que el más importante para la
vida de una persona era uno mismo, pesara a quién le pesara. Con los
años descubrí que la vida es un castigo, pero si sabes como tratarla,
puedes salir siendo vencedor, todo es cuestión de carácter, un carácter
que utilizaba para liarme con todas las que pudiera. No me iba el
alcohol, ni las drogas, pero, cuando se me ponía una delante, esa,
siempre caía. Porque conocía cuál eran los puntos débiles, sus
imperfectas perfecciones. Llegué a la Plaza Callao para coger el autobús
a las ocho menos diez. No tenía ganas la verdad, ayer, me acosté a las
cinco, hablando por Skype con Natalia, una chica que conocí en verano en
La Manga, maja, pero no de mi tipo. Pudimos pasar unos buenos menses,
pero, los idilios del verano, siempre se quedan en el verano. Pero algo
hizo clic, cuando la ví. No parecía una de las chicas con las que me
había enrollado, era estirada, una chica normal, pero con algo que
llamaba la atención. La había visto más de una ocasión en varias
fiestas, pero, al haber tanta gente, no te acuerdas de la cara de
muchos. Me quedé apoyado en el cártel publicitario de la parada. Ella se
había percatado de mi presencia, olía cuándo hacia sonrojar a una
chica, y cuando no, y ella, estaba sonrojada. Al verla, no pensaba en
tirarmela, como había hecho con otras. ¿Qué me está pasando? Yo que no
me dejaba amedrentrar por alguien, y por mucho menos una chica, ella me
transmitia algo diferente a las demás. Decidí no darle importancia y
continúe con la espera del autobús. Un mendigo estaba acercándose a la
parada. Se paró delante de la chica.
- Eh, preciosa, ¿Tienes fuego? -le preguntó
- No tengo -respondió fríamente.
¡Vaya! Una chica con carácter. Me gustaban esas chicas. Fuertes, y seguras. El mendigo volvió a insistir.
- Puedes darme fuego tú, eres preciosa -dijo arrastrando las palabras. Había bebido mucho.
- Te ha dicho que no tiene fuego, por algo será -decidí intervenir. Sabía como eran esos tipos.
- ¿Quién eres tú? -preguntó alzando la mirada
- No te importa... Aquí tienes fuego -le dí mi mechero para que se fuera -Ahora lárgate de aquí
Él pareció notar mi
expresión y decidió largarse de la parada sin devolverme el mechero,
tampoco es que me muriese por perder un mechero, ya conseguiría uno.
Sentí la mirada de ella en mi nuca. Volví apoyarme en el cártel de
publicidad. No despegaba su mirada de mí. Yo hacía como si no estuviera.
- ¿Por qué has hecho eso? -me preguntó, y a pesar de que fue un susurro, puede oírla.
- Sé como son esos tipos. Si no consiguen lo que quieren, te darán el follón.
- Sé como cuidarme -me respondió -
- Vaya, qué carácter, ni un simple gracias -
- No necesitaba que salieras
Su carácter me estaba
empezando a atraer. Sonreí con una sonrisa torcida, la que siempre
utilizaba para impresionarlas. Ella pareció no darse cuenta de la
sonrisa.
- Está bien, ya la sabré para la próxima -respondí
Ella se quedó en
silencio. Al final de la calle apareció el autobús. Yo me acerqué al
borde de la acera para que el conductor puediese vernos.
- ¿Vas a la universidad? -le pregunté cuando observé que el autobús estaba llegando.
- Sí -respondió, levantandose de inmediato
- Qué casualidad, yo también, así, cuando tengas algún problema, ya sabes, a lo mejor, podría aparecer por ahí.
- No necesito que aparezcas. Sé cuidarme sola, gracias
Volví a sonreír. El
autobús ya estaba frenando, así que, me aparté y dejé que fuese ella
quién subiese primero, no por ser caballeroso, sino porque, quería
fijarme mejor en su culo. Ella no se dió cuenta de la aprobación que
hice con la boca. Subí al autobús, estaba casi vacío, y pagé el euro con
cincuenta que costaba el trayecto desde la Plaza Callao hasta la
universidad. Ella se puso cerca de la puerta, mientras, que yo, fiel a
mis costumbres, me quedé en la parte de atrás, sin dejar de observarla.
¿Por qué había hecho lo que había hecho en la parada? No era mi carácter
ser el héroe de la película, era, más demonio que ángel.

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